Antecendentes


El origen del Estado moderno se encuentra en las reformas territoriales del siglo XIX a las que Cantabria y sus distintas jurisdicciones llegan con una voluntad decidida de autogobernarse pero sin consolidación administrativa, como el caso de la Provincia de Cantabria configurada en Puente San Miguel en 1778, sin duda, la más trascendente.

La Constitución de Cádiz en 1812, tratará de superar el Antiguo Régimen y configurará un Estado con entidades territoriales que gestionen cierto nivel de competencias, las Diputaciones Provinciales.

Partiendo de la configuración de la Junta Suprema de Cantabria creada durante la ocupación francesa, a la que se apelará para justificar la creación de la Diputación -como fue el caso de otras-, y atendiendo a la Constitución, el territorio cántabro manifiesta su deseo de organizar una Diputación propia que, sin embargo, no se organizará definitivamente hasta la entrada en vigor del Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 sobre la división civil del territorio español en la Península e islas adyacentes en 49 provincias, de Javier de Burgos.

Este Decreto es el que define el perímetro de la Cantabria que ha llegado hasta nuestros días; para su delimitación, el Decreto se basa en los estudios de Bouzá y Larramendi que ya contemplaban la necesidad de creación de una entidad independiente para "el país conocido con el nombre de Montañas de Santander". Previamente al Decreto citado, y sobre los planteamientos de ese estudio, se desarrollaría el Decreto LIX de 27 de enero de 1822 de División Provincial del territorio español (en el documento anexo, tomo VIII, 1822, páginas 186 a 246), con un contorno territorial sensiblemente mayor al que finalmente se adoptó en 1833.

La Provincia de Santander, como tal, emitió su primer Boletín en octubre de ese mismo año. Los Presidentes del máximo órgano de gobierno de Cantabria se pueden consultar aquí.

La personalidad de Cantabria se puso de manifiesto en todas las intentonas descentralizadoras del siglo XIX y primer tercio del XX. Así se puede ver en el Estatuto Provincial de 1925 cuyo Preámbulo cita que "algunas provincias se precian de constituir por sí mismas verdaderas regiones: tal sucede con Santander, cuyos hijos la llaman La Montaña", o en el Proyecto de Estatuto de Autonomía del Estado Cántabro Castellano , en el contexto de la II República y que, elaborado por el Partido Republicano Federal de Santander, asumiría la Diputación Provincial para su debate y posterior plebiscito poco antes de la asonada militar de julio de 1936.

Estabilizados los frentes al comienzo de la guerra, el Gobierno trataría de organizar el caos en la organización administrativa territorial. Por Decreto de 23 de diciembre de 1936 se crearían los Consejos Provinciales, que otorgaban cobertura legal a la actuación de los distintos poderes surgidos en los primeros meses de la contienda y sustituían en sus funciones a las Diputaciones Provinciales, concediéndoles autonomía en su ámbito territorial. El artículo 11 de la norma  concretaba tres Consejos: Aragón, Asturias y León y el Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos.

En nuestro caso, el Consejo Interprovincial supliría a la Junta de Defensa de Santander.

Cabe advertir que, a pesar de su denominación, el área de actuación de este último se limitó a Cantabria y a algunos municipios limítrofes de las provincias castellanas o, simplemente, localidades de ellos. En Burgos: Arija, Montija, Bricia, Santa Gadea, Valdebezana, Espinosa de los Monteros, Mena y Valdeporres; en Palencia: Villanueva de Henares, Pomar de Valdivia, Brañosera y Berzosilla.

El Consejo Interprovincial nombraría un Consejo de Gobierno con sus respectivas Consejerías y dictarían numerosas resoluciones. En total fueron tres Decretos, sesenta y dos Circulares y decenas de Órdenes.

El aislamiento territorial de Cantabria durante la contienda fortalecería la idea autonómica preexistente y surgieron peticiones de concesión de Autonomía para el "País Cántabro", como se le denominó en el período del Consejo Interprovincial, pues era algo que, de hecho, ya se estaba produciendo.